Por todos los que preferimos el calor del trópico.
Esta es una historia atrasá, de cuando empezó el año del tigre, mi año, porque nacà en el ‘86. Desde hace tiempo que la Petra quiere decirles muchas cosas pero ha preferido no alterar la cronologÃa de este espacio. Asà que ya poco a poco les irá filtrando detalles sobre las menos y las más recientes aventuras que detallan la celebración de los tri kings, su visita en Puerto Rico, la despedida del año lunar, algún pasadÃa coreano, el brinquito que dio hasta Taiwan y los comienzos de esta nueva temporada escolar, etcétera, etcétera…
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Después de aquellos vómitos que me dieron el uno de enero, cuando almorzé el pescau frito que me cayó mal, mi estómago estuvo nauseabundo. Al nivel de que me asqueaba ver comida. En esa primera semana del año no comÃa nada más que una china mandarina por las mañanas y en las noches un plato de confleik. Salvo en dos ocasiones que me saborié un pedazo de pizza del que no pude resistirme cuando mis estudiantes de sexto grado me invitaron los últimos dÃa del campamento de invierno a compartir con ellos en el salón de clases.
Más que liberar las escasas pero abrumadoras energÃas negativas que me acompañaron durante el pasado año, tenÃa una mezcla de muchos sentimientos. El bajón por mis padres y mi hermano continuaba in crescendo. Estaba pasando unas navidades muy lindas con gente muy querida pero me era inevitable sentir soledá de la que inquieta. Con cierta nostalgia, me la pasaba en casa bailando al ritmo de las salsas navideñas que varias amistades me habÃan obsequiado vÃa i-meil y otras más que yo habÃa conseguido bajar. El frÃo y la nieve se empeñaban en hacer los dÃas más difÃciles, que solo lograban ser más llevaderos por la alegrÃa que los estudiantes genuinamente me pasaban. La rutina se limitaba a ir al trabajo y regresar pa’ la cueva con el jiter, porque nada más se podÃa hacer. A menos que escogiera tiritar como mi nuevo jobi.
Aunque ya tenÃa el pasaje con el que sorprenderÃa a mis padres timbrándoles la puerta el 19 de enero, sentÃa demasiada ansiedad por llegarle a Pueltorro, tenÃa varios asuntos que resolver. En esos dÃas, la escuela me extendió los dÃas de ocio por unas cuestiones del contrato y yo me aferré en llegar antes a mi casa, ya que iba a viajar tan lejos querÃa aprovechar lo máximo. Cambiar la fecha me costaba casi cuatro mil billetes porque lo que quedaba era primera clase, pero gracias a la ayuda de mi madre, después de diez extenuantes horas, conseguimos un boleto pa’ salir el 13. Nunca quise agual la sorpresa, mas necesitaba la tarjeta de crédito de mama porque la mÃa tenÃa que esperar el re-embolso del primer pasaje para poder meterle otro tarjetazo.
No fue hasta la noche del jueves que compré el ticket que vine a dormir por primera vez esa semana. Los demás dÃas pa’ descansar, aunque fuera media hora, tuve que dejar el televisor prendÃo o alguna emisora radial en la web corriendo pa’ sentir compañÃa. La mañana del viernes, cuando desperté, sentà aquella paz que hace algún tiempo se habÃa escapado de mi…
Y asÃ, dice LaPetra.